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Topic: The Outsider (only spanish, sorry i´ll not traduce it)

Writed in dec 2004 by Xavier K.


La feminidad como enfermedad.

Todas las virtudes que a lo largo de lo siglos se han considerado femeninas no son m ¡s que represi ³n que la civilizaci ³n ejerce sobre los instintos, una alineaci ³n de la naturaleza y de la vida.
Castidad, refinamiento, coqueter ­a, maternidad y dedicaci ³n a los asuntos domésticos.

Una tras otra son la expresi ³n coercitiva del Esp ­ritu ( la raz ³n dominadora moderna de la que hablaran Adorno, Heidegger y Klages entre otros ) que se bebe toda la sangre del viviente y lo expulsa a la miseria del ascetismo. El ideal del si-mismo, del imperio del yo y de la identidad forjado a sangre y fuego por el patriarcado no ejerce en ninguna otra cosa tanta violencia como en la mujer, el “sexo débil “. La conciencia y la seguridad de la propia identidad debe forjarse por encima de todo el subsuelo terr ­geno , sepult ¡ndolo para que nunca , ese torrente de vida , vuelva a amenazar el orden y la tranquilidad.
En ese sentido, la mujer debe guardar las formas, proyectar constantemente una imagen
de si misma que pueda ser aceptada por la sociedad bienpensante. La lucha por la salvaguardia de la reputaci ³n en la mujer es paralela a la lucha que los millones de proletarios del orbe emplean por salvar la idea de éxito social que desde peque ±os les han introducido en la cabeza, a martillazos. La derrota en esa lucha frenética ( semejante a la del creyente por el para ­so ) conduce a la exclusi ³n social, a no ser nada, a ser escoria. Putas las primeras, fracasados los segundos. Mientras el proletario venda su fuerza de trabajo entrando as ­ en la producci ³n de capital del mercado “goza”  de derechos ( pues los derechos no son m ¡s que el mantenimiento jur ­dico de esa situaci ³n mercantil ) , pero si ya no puede vender su fuerza de trabajo por alguna raz ³n ( paro, vejez, o porque no le da la gana ) pasa a perder esos derechos y se convierte en un excluido social, en un fracasado, al que todo el mundo desprecia. Pero fuera de la abstracci ³n de la producci ³n de capital est ¡ la vida y es la vida lo que es despreciado.
Lo mismo le ocurre a la mujer que debe “salvar”  su imagen a toda costa y sino es conducida a la “gehenna”  del ostracismo social. El esquema judeocristiano de culpa y redenci ³n sigue funcionando en el mundo secular con la misma violencia con la que funcionaba en el mundo religioso. La “Raz ³n”  tiene una Misi ³n , no acepta una vida desprovista de ésta, y esta se llama salvaci ³n, éxito social o reputaci ³n. Teniendo en cuenta los presupuestos de la época del mundo de la raz ³n ( la época del mundo de la metaf ­sica ) no puedo haber nada m ¡s despreciable que una vida sin misi ³n, esto es, sin rumbo, sin gu ­a, sin objetivo. Dicho de otro modo, nuestro sistema ( marcado por los presupuestos de nuestra época metaf ­sica ) se fundamenta en la construcci ³n del “yo-mismo” , de la subjetividad, arras ¡ndolo todo a su paso. Por ello quienes descuidan la construcci ³n de su conciencia son los m ¡s despreciados. El lumpen, los par ¡sitos, las putas. Y su destino son los manicomios, las c ¡rceles o en el mejor de los casos la marginaci ³n y la burla.
En todo este marco es donde nace la familia monog ¡mica ( la que satisface las necesidades de la época de la metaf ­sica ) y con ella la “identidad”  de la mujer y su jerarqu ­a de virtudes. La mujer, como la naturaleza no tendr ¡ “realidad en s ­ ” sino que ser ¡ una construcci ³n del Yo del var ³n y de este modo, una propiedad suya, a su disposici ³n. La mujer, como el proletario, debe asumir esta transferencia de “ser” , esta alineaci ³n. Su “identidad”  siempre ya asumida, consiste en saber delegar su existencia en otro ( como el creyente en dios ) es decir en considerar como normal y “natural ” su destierro forzado al hogar o al mercado, perdiendo el “ser” , perdiendo la “tierra”  que es la vida y la comunidad. El macho de la casa, el patr ³n due ±o de los medios de producci ³n, no son inmunes a este desarraigo que mujer y proletario sufren, sino al contrario, son las fuerzas del orden de la Conciencia y sus ministros destinados a preservar su dominio. En este sentido la época de la metaf ­sica configura un tipo de comunicaci ³n humana basada en el sadomasoquismo. Siendo masoquismo y sadismo las dos caras de la misma moneda. Amos y esclavos se encuentran en mutua dependencia y el riesgo que corren los amos en ser suplantados por los esclavos es patente. La “liberaci ³n de la mujer”  o “la sociedad del bienestar”  no son m ¡s que reproducciones del rol de los varones y de los amos. Es decir , el haber alcanzado el séptimo cielo de la autonom ­a del yo, el debilitamiento de los v ­nculos, la voluntad del “uno-mismo”  libremente desplegada. Y as ­ se pasa de una sociedad de sadomasoquismo a una sociedad de “todos s ¡dicos”  , donde impera la lucha darwiniana de “todos contra todos” , y esta nueva mujer “moderna”  y “dominante”  asusta a los machos que frustrados reaccionan con el maltrato. Quiz ¡ ahora se dan cuenta del “monstruo”  que han construido ( la mujer moderna liberada ) pero no es otra cosa que la reproducci ³n de lo que ellos hab ­an sido durante siglos.
Ante esta situaci ³n un machismo reaccionario suplica el retorno de la mujer sumisa y un feminismo est ºpido celebra a la “mujer liberada” . La “mujer liberada”  pretende ser m ¡s macho que los propios machos y en este sentido construye su conciencia, su si-mismo, con despiadada violencia. Ahora ya no quiere ser un “objeto”  de los hombres. Es m ¡s , quiere que los hombres sean su “objeto” . Y de la castidad masoquista de sumisi ³n al cabeza de familia se pasa a la frigidez anti-hombres y al muy emancipado poder elegir por ella misma con quien se acuesta. De este modo lo  ºnico que hace la “liberaci ³n de la mujer”  es mantener el temor a ser puta ( fortificar la conciencia ) ya que serlo implicar ­a sumisi ³n y ser objeto del macho ( extra ±a tergiversaci ³n! Cuando es justo al revés, siendo puta es como dejar ­a por siempre de ser objeto y sumisa y asestar ­a el golpe definitivo a la conciencia y la posesividad patriarcal, pero no es lo suficientemente valiente ) y por otro lado reproducir los roles del var ³n ( independencia, auto-disponibilidad, si-mismo, dominio ) . En una palabra la “liberaci ³n de la mujer”  no es m ¡s que una prolongaci ³n del patriarcado y la consecuencia del machismo.
La familia monog ¡mica es la victoria de la conciencia sobre la vida inconsciente de la Comunidad. La victoria del Esp ­ritu sobre la sangre. La propiedad privada hace imposible la vida comunitaria y la antigua sociedad del matrimonio por grupos. Aparece en la historia la privacidad, la conciencia y la preservaci ³n de la intimidad. La familia nuclear es la consecuencia natural de un nuevo sistema econ ³mico. En la comunidad todo era compartido, desde los hijos hasta las “parejas” . Siendo cada mujer esposa de todos los hombres de la comunidad, ning ºn hombre conoc ­a a sus hijos biol ³gicos. Sencillamente todos los ni ±os eran sus hijos y todos los hombres sus hermanos ( y todas las mujeres sus esposas). Con el nacimiento de la propiedad privada el hombre necesita conocer a sus hijos para poder asignar una herencia. Por lo tanto el matrimonio pasa a ser cosa exclusiva de dos. Y por supuesto el adulterio femenino y la poliandria est ¡n duramente perseguidos. Es a partir de aqu ­ donde empieza a formarse la conciencia “sumisa”  de la mujer. Ser promiscua es una “deshonra” , su deber es la crianza de los hijos y por supuesto no debe salir de su casa. La idea que relaciona a la mujer con la maternidad no es “natural”  ( al margen de que tenga la posibilidad biol ³gica de ser madre, que es solo una contingencia biol ³gica ) de suyo la mujer no est ¡ obligada al cuidado de los hijos ni nada hay que indique que su esencia sea el ser Madre y no otra cosa. Esto forma parte del imaginario patriarcal. En las antiguas comunidades el cuidado de los hijos era tarea de la comunidad en su conjunto ( ya que no hab ­a familia monogamica por separado encargado de sus “propios”  hijos fuera de la comunidad).
En la Mitolog ­a la antigua mujer terr ­gena , part ­cipe de la comunidad y no del hogar, era encarnada por Afrodita. La diosa de la lujuria ( hoy encarnar ­a a las ninf ³manas excluidas por la pureza ). Y el hombre f ¡lico y despreocupado, hijo de la comunidad ( no posesivo ni deseoso de construir su identidad , sino m ¡s bien an ¡rquico ) era Dionisio.
Mientras que la mujer del hogar, madre y casta, de la época de la conciencia y de la raz ³n era Démeter y el hombre consciente de si-mismo, con una misi ³n que cumplir, “luminoso”  y de juicio claro y distinto era Apolo.
Dos mundos contrapuestos : el de la sangre y el del Esp ­ritu.
El “mundo inconsciente” , las tinieblas de la humanidad, la época de la tribu, en la que se tem ­a a los dioses, se danzaba hasta el delirio, imperaba la barbarie y el salvajismo, nada de provecho ni de utlidad para “la conservaci ³n”  se realizaba, org ­as y bacanales sempiternas, caos... Los instintos primarios, la veneraci ³n del cuerpo y de la sensualidad, este era el mundo de la sangre y de la vida torrencial. Cuando decimos “tener raza”  nos referimos a un ser de este mundo.
El “mundo consciente” , la civilizaci ³n, el progreso, la autonom ­a del Yo que se alza como Prometeo frente a los dioses y frente a la Tribu. La era del dominio, de la planificaci ³n, la b ºsqueda de lo f ¡cil y de lo seguro. Ha nacido el “individuo”  el que todo lo separa y de todo hace abstracci ³n. La “intimidad”  es sagrada, compartirla o suprimirla es bajo los presupuestos de este mundo una abominaci ³n; compartirla con la persona no adecuada es bajar de status y fracasar en la proyecci ³n de nuestro si-mismo.
Ciencia, técnica, moral , religi ³n. Es la era del esp ­ritu. Nihilismo, desarraigo y atomizaci ³n.
Tanto la vieja feminidad virtuosa como la nueva “mujer liberada”  son enfermedades de la civilizaci ³n. La futura afrodita, puta y despreocupada, fuliminar ¡ a v ­rgenes y madres, a fr ­gidas y a mujeres yuppies de la sociedad del éxito. Esa y no otra ser ¡ la verdadera liberaci ³n.
Ténganse en cuenta las proféticas palabras de un representante del Esp ­ritu , el Cardenal Ratzinger:
“ «La cultura atea del Occidente moderno vive todav ­a gracias a la liberaci ³n del terror de los demonios que le trajo el cristianismo. Pero si esta luz redentora de Cristo se apagara, a pesar de toda su sabidur ­a y de toda su tecnolog ­a, el mundo volver ­a a caer en el terror y en la desesperaci ³n. Y ya pueden verse signos de este retorno de las fuerzas oscuras, al tiempo que rebrotan en el mundo secularizado los cultos sat ¡nicos ».

El retorno a los or ­genes es ineludible tras el ocaso del Esp ­ritu ( la civilizaci ³n est ¡ ya en crisis ).
La mujer intempestiva ( fuera de la época, fuera de lugar ) se nos aparecer ¡ como una ninf ³mana , despreocupada por su imagen, con piernas velludas, indiferente a la idea de tener hijos y desde luego desde ±osa de cuidarlos, una mujer a la que le seducir ¡ m ¡s el falo de un hombre que su “esp ­ritu”  o la armon ­a estética de su cuerpo. Criterios ambos de la época de la metaf ­sica.


Xavier k

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Re: The Outsider (only spanish, sorry i´ll not traduce it)

And there is a quote of the present Pope, OMG!, i wouldn ´t imagine when i read this that Ratzinger will be the next pope!.

And a very good quote... yes.

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Re: The Outsider (only spanish, sorry i´ll not traduce it)

This is one of the most most most beautiful texts i found on the internet. Wichever one who wants to read it, will have to traduce it by himself.

But i tell this to you: truthful beautiful.